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miércoles, 22 de junio de 2011

Lo que aprendí de los juegos de estrategia: gestión de recursos

A mediados de los noventa, los juegos de ordenador tenían un género estrella: los juegos de estrategia. En ellos creabas una comunidad a la que hacías crecer, investigabas tecnologías que ayudaban al desarrollo económico y militar, e ibas avanzando nivel a nivel derrotando, más bien eliminando, a las otras facciones.

En estos juegos, para avanzar, resultaba crítico acumular cierto tipo de recursos (por lo general alimento, oro, madera, piedra, petróleo...) con los que construir nuevos edificios, unidades o investigar tecnologías que daban espadas más afiladas, granjas más productivas o ventajas en el comercio.


Age Of Empries

Star Craft

Command & Conquer



A priori, parecía crucial llegar a un equilibrio entre acumulación de los recursos cercanos y producción de unidades militares (el ordenador solía atacar pronto) que permitieran la defensa de tu asentamiento. Había que tomar decisiones económicas basadas en los recursos disponibles (recuérdese que, en origen, la economía estudiaba optimizar la gestión de recursos limitados), del tipo: ¿espero a tener 1000 de madera para subir de nivel el cuartel o empleo la que tengo para crear cinco arqueros y una granja? Porque sí, los recursos disponibles a veces eran más que justos y aparte se tardaba tiempo en conseguirlo: el que los trabajadores necesitaban para recolectarlo.

Pronto desarrollé una táctica que solía ser muy útil en la mayoría de los casos: maximizar la producción. Mis asentamientos eran colmenas de obreros que recolectaban recursos a la mayor velocidad posible. Por contra apenas tenía infraestructura defensiva (mucho menos ofensiva), pero llegado el momento el crecimiento era bastante rápido, ya que tenía recursos de sobra para construir fortificaciones, investigar avances bélicos y reclutar las mejores unidades. La victoria solía ser aplastante.

Aún así había ciertos escenarios en los que los ataques del ordenador (o más tarde de otros jugadores) eran rápidos y me pillaban con una masa obrera que era aniquilada sin apenas resistencia. En estos niveles, al volver a jugarlos, volvía a la táctica del equilibrio, del crecimiento en horizontal de producción y militarismo. Aunque la gestión de recursos volvía a ser un problema. ¿Son suficiente dos torres y un buen muro o con cuatro el muro es innecesario y puedo tener más molinos?

El siguiente avance estratégico llegó al poco tiempo. Teniendo en cuenta que en el terreno de juego hay unos recursos limitados tanto en mi entorno como en el de mis enemigos, ¿qué mejor táctica que explotar los ajenos y mantener bien defendidos los propios? Sí, este modelo era realmente el mejor. Permitía un crecimiento rápido basado en recursos locales, pero llegado el momento, en lugar de una gran fuerza destinada a acabar con el enemigo, eran suficientes unas cuantas para tomar el control de minas de oro, campos de mineral, fuentes petrolíferas o hasta bancos de peces. Un pequeño ejército seguido de colonos y obreros explorando el territorio enemigo y saqueando sus recursos, derivaba en un bloqueo y ruina del enemigo. A veces esos recursos los tenía que gastar en mantener la defensa de los mismos, pero una vez puesta la soga era cuestión de tirar. Luego tenía los propios recursos para atacar una base donde apenas encontraba resistencia.

Empire Earth III

Battle for Middle Earth
Emperor battle for Dune

Sencillo, eficaz y eficiente: para acabar con tu enemigo usa sus recursos.

Claro, aquello eran sólo juegos de ordenador, las víctimas no eran más que unos pixels que volvían a la vida en la siguiente partida. Podía ser un hijo de puta sin remordimientos.

El problema es que hoy en día hay hijos de puta que utilizan esta misma estrategia en el juego de la economía mundial. Se apoderan de los recursos del enemigo (cualquiera que no sea ellos mismos) sin mirar las consecuencias humanas que provocan, tal vez porque sus gestiones la realicen a través de una pantalla de ordenador y para ellos sólo seamos píxels. Así no sólo obtienen el recurso que quieran de donde quieran imponiendo regímenes totalitarios (el coltán o los diamantes del Congo) o emprendiendo guerras abiertas con cualquier excusa falsa (el petróleo de Iraq). Además se permiten especular con bienes de primera necesidad como el trigo, el maíz  o el azúcar, como para no hacerlo con el empleo de miles de personas moviendo sus fábricas al país donde las condiciones laborales sean más parecidas a la esclavitud sin sudar una gota de responsabilidad (googlea y llora) en nombre de la competitividad.

Mientras, nosotros, los píxels de la pantalla, vamos de allá para acá hacia donde la mano suprema nos dirige repitiendo, una y otra vez My lord? Yes, my lord. At your service. At once Sire! Ready to serve.



O, al menos, lo hacíamos... hasta ahora.

6 comentarios:

Brau dijo...

En algunos de esos juegos (estoy pensando en el Civilization)se incluía el factor de felicidad, que solía terminar vapuleado alegremente al final. O que podías dedicarte a desarrollar solo después de dos o tres milenios de joder al personal malamente. Es un tema en el que pensar detenidamente, desde luego. Crear modelos está a nuestro alcance, nuestro cerebro es infinitamente más poderoso que cualquier ordenador.
El tema es esquivar las manipulaciones a que se somete la imaginación propia, entrenarnos en el control de la misma, cultivarla para enriquecerla con datos verídicos y... volar.

Daniel Turambar dijo...

Cierto, en el Civ III incluso existía la conquista cultural. En los total war hay que ir con cuidado con la explotación ya que pueden revelarse y dejarte sin ciudad. La estrategia de tener al pueblo feliz no siempre funcionaba, tal vez a través de estos juegos nos mandaban un mensaje, pena que ahora el tablero está bajo nuestros pies.

Raúl Campos dijo...

Lo único que nos salvará es no olvidar la historia, no olvidar que somos una generación superior que conoce qué errores cometieron los esclavos del pasado.

De todas formas, es para llorar.

Daniel Turambar dijo...

Memoria, sí, y conocimiento. Nada, llora de rabia si quieres, pero cuando acabes que no te turbe la mirada.

Diegus dijo...

Jejejejeje, somos estupendos oye.

IRATXO dijo...

y los juegos en que jugabas a ser dios y masacrabas a la plebe por impía.

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