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viernes, 23 de septiembre de 2011

Estudia, hijo... estuida

Como decía el amigo Duró [1], antiguamente te decían que estudiaras para hacerte un hombre de provecho. Después se apelaba al estudio como manera de encontrar un buen trabajo. Últimamente, embebidos en la supuesta generación ni-ni (más bien tiranizados por la chonicracia) no se deja de oír que estudiar es casi una pérdida de tiempo, que las cajas estaban llenas de dobles licenciadas...

Últimas tendencias a la hora de aleccionar a favor del estudio [2]
Hombre, no digo yo que no sea así. Al fin y al cabo las tasas de paro son las que son. Pero una cosa está clara: si no tienes la doble licenciatura nunca podrás ser mucho más que cajera (con todo el respeto, conste, que mi señora lo ha sido). Quiero decir que, al final, de lo que se trata no es tanto lo que estés haciendo en este preciso momento (seguro que hay tri-masterizados en paro) si no las opciones que puedes llegar a tener. Y lo cierto es que con poco más que la ESO se reducen bastante. Más que nada porque entrarás en el mismo saco que prácticamente toda la población y no habrá mucho margen para marcar la diferencia a la hora de acceder a unos puestos donde, por otro lado, tampoco importará demasiado.


Y es que, en contra de lo que se intenta hacer pensar, tener una carrera universitaria o un titulillo de formación profesional, vamos: estudiar, sí que sirve. Tal vez no para cortar salami, coger tomates o recoger la basura (repito, con todo el respeto, yo fui basurero durante una temporada). Pero sí a la hora de optar a ciertos puestos a los que de otro modo nunca podrás optar. Así, para empezar, las opciones se multiplican. Claro, primero debe haber opciones en uno u otro lado. Pero esa es la parte que no depende de nosotros, contra eso poco podemos hacer (bueno, sí: crearlas; pero eso queda para los emprendedores, esos grandes desconocidos en este país).

Todo esto me viene a cuento de que, hoy hace justo una semana, mi jefe me dijo que la situación de la empresa hacía insostenible mi permanencia en ella. Vamos, que no hay trabajo que hacer (cosa que ya sabía desde hacía meses) y que no salían las cuentas para pagarme la nómina. Normal. Las gallinas que entran por las que salen. Y si sólo salen se queda el gallinero vacío. No pasa nada. El caso es que en quince días tocaba ir al paro. Bueno, pues el lunes me di de alta en portales de empleo y actualicé el CV. El martes ya estaba recibiendo llamadas para entrevistas de ofertas que ni había sopesado como viables. El miércoles apreté varias entrevistas. El jueves me llamaron para quedar y hablar de pasta. Esta mañana he firmado un precontrato. Finalmente, una semana antes de terminar mi relación laboral con mi empresa actual, ya tengo otra esperándome.

Vale, esto tampoco es muy normal ni mucho menos paradigmático. Pero tampoco es fruto de la mera suerte. Porque sí, he pillado una buena época para buscar (al parecer con el nuevo "curso" suele hacer falta personal para los proyectos que surgen). Pero sin mi formación, no sólo académica, no habría podido siquiera optar a ellos. No habría podido entrar para jugar la partida. Vale, que habrá sectores más complicados que otros, que las ingenierías suelen tener más alegría (la informática no te cuento), y que no todo el mundo puede ser ingeniero (ni falta que hace). Tampoco es esto lo importante. Vuelvo a insistir en que no se trata del presente sino de las opciones de futuro. De no poder salir del surco marcado por miles de pasos ya dados o de poder explorar nuevas sendas, así sea para volver al surco.

Y no tengo ninguna duda de que, por la parte que me toca, lo que he conseguido ha sido gracias a haber estudiado, y de los recursos y cambios mentales adquiridos durante el proceso de formación. Y resulta que todo (salvo algún cursillo de especialización y cosas así) lo he estudiado en centros públicos. Me he formado en un colegio, un instituto y una universidad públicos. Con sus cosas mejores y peores, pero con una calidad más que suficiente como para poder sacar partido de ella. Está claro que hay muchos más factores, como por ejemplo haber venido la capital, donde hay mucha más oferta. Pero una cosa es segura: sin una educación pública de calidad no estaría ahora aquí. Así de sencillo. Porque mis padres no me hubieran podido pagar un colegio privado, no ya una universidad privada (fue la pública y el desplazamiento ya supuso un esfuerzo más que importante para ellos cuando me quedé sin becas... gracias).

Y es que se trata de eso: de igualdad a nivel de opciones. Por eso las luchas que los profesores tienen en estos días [3] son tan importantes: porque no se trata de su presente, se trata de las opciones de futuro de miles de chavales, que a falta de medios no tendrán más que la que quieran darles (no la que ellos sepan buscarse) si se menoscaba (aún más) el sistema educativo. Por eso hay que pedir:

Porque no hay otra manera de garantizar la igualdad de oportunidades [4].

Añadiré un último dato muy significativo. En el llamado tercer mundo, cuando se recibe dinero o ayudas de ONG's, una vez saciadas las urgencias alimentarias y sanitarias, lo primero que se crean son escuelas. ¿No es paradójico que en el supuesto primer mundo se destruyan*?




[1] Emilio Duró, de profesión: optimista http://pili.la/cdb
[2] Imagen sacada de aquí http://pili.la/cda
[3] Noticias sobre las protestas contra los recortes en educación pública http://pili.la/cdc

[4] Puedes ponerte la chapa verde aquí: http://pili.la/cdd. Mantenerte al día aquí: http://soseducacionpublica.blogspot.com/ o siguiendo en twitter a http://twitter.com/#!/sosensepublica y el hang-tag http://twitter.com/#!/search/links/%23educacionpublica

* Esto es una metáfora, no se pone dinamita en los cimientos, no, se las deja en pie pero bajo mínimos. Por si las presidentas...

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